El camino es estrecho y accidentado

 

Así como el viajero se prepara con sus utensilios antes de partir a una expedición, Alejandro Mejía ha preparado un set de glifos que representan las líneas conceptuales de la producción que comenzó a finales del año 2016, y que de cierta manera, suceden a los anteriores y mapean las rutas críticas a desarrollar en las siguientes investigaciones visuales, hasta que eventualmente deduzca otra plataforma de observación simbólica. 

  Dentro de estas representaciones se encuentran elementos que en sí mismos guardan una naturaleza compleja, como la concha marina Conus textile textile, que genera sus intrincados patrones geométricos a través de secreciones de pigmento en intervalos, como si de una impresora de inyección de tinta se tratase, y de esta manera, representa un grabado bidimensional de un proceso unidimensional, un diagrama espacio-temporal tal como Richard Feynman dibujaba con funciones algorítmicas. Esta concha marina se ha vuelto para el artista en un talismán de asociación, entre un pensamiento lógico de interpretación de los eventos y una imagen estructural que simplemente amalgama todos los significados, un kanji.

  En general, cada uno de estos glifos trabaja sobre diferentes esquemas propios de observación, desde los sensoriales, intuitivos, artesanos; hasta los deductivos, filosóficos y matemáticos. Al reducirlos a un glifo le permite cargarlos a todos como herramientas ligeras y utilizarlos cada que lo crea pertinente, y no le obstruyen ni pesan como cuando son conceptos desplegados que padecen de ser inabarcables y difíciles de combinar con otras perspectivas; digamos que el artista se da a esa tarea una vez que he hilado una idea entre ellos.

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